¿Por qué nos sentimos víctimas? La respuesta está en nuestra infancia
- 7 jun
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¿Alguna vez has notado que, ante un problema, reaccionas de una forma que no encaja con la persona adulta que eres hoy?
A menudo, llamamos a esto "victimismo". Pero hoy quiero contarte algo que pueda ayudarte a mirarlo desde otro lugar, porque realmente actuar como una victima es una respuesta automática de protección.
¿Por qué nos sentimos víctimas?
En todos los años que llevo trabajando en procesos de consciencia, he aprendido que el camino hacia nuestra transformación es mucho más efectivo cuando lo recorremos con amabilidad.
Cuando nos sentimos víctimas, no estamos siendo manipuladores. Lo que ocurre es que una parte de nosotros —una parte que se quedó "anclada" en la infancia— ha tomado el mando.
"Cuando actúas desde la víctima, no estás manipulando, solo estás reaccionado desde una parte infantil de ti que aún no ha sido integrada".
Yo empecé a identificar a mi propia víctima en mi relación de pareja. Cada vez que él no actuaba como yo esperaba, me enfadaba igual que una niña de 4 años, solo observando esta reacción una y otra vez pude reconocer a esa parte infantil que se frustraba cuando no recibía lo que quería.
¿Qué se me ocurrió hacer? hablarla con mucho amor, y preguntarla qué le gustaría que yo hiciera por ella en vez de reclamárselo a mi pareja…… entonces todo empezó a cambiar, sobre todo dentro de mi.
El puente hacia la libertad
Hacerse adulto significa asumir la responsabilidad de lo que pasa en nuestra vida sabiendo que somos responsables de todo lo que ocurre en ella. La consciencia es el puente fundamental: nos permite salir de esa parte infantil, nutrirla, integrarla y, finalmente, dejar de vivir reaccionando desde nuestros comportamientos infantiles que se apoderan de nuestro día a día.
Un ejercicio práctico que puedes empezar a hacer
La próxima vez que te descubras comportándote como un niño o niña ante una situación difícil, detente un momento y cambia tu enfoque. En lugar de cuestionarte con dureza "¿por qué actúo así?", pregúntate:
"¿Qué parte de mí, que aún necesita crecer, es la que reclamando?" y atiendela.
Esta pequeña distinción cambia el juego por completo. Te permite dejar de pelear contra ti mism@ para empezar a acompañarte en tu proceso de evolución.
Quiero que te lleves esta idea:
Sentirse víctima es una emoción pasajera, pero ser una víctima es una identidad.
Tienes el poder de desidentificarte de ese papel. En el momento en que haces consciente qué parte de ti está reaccionando, dejas de esperar que el otro cambie y empiezas a hacerte cargo tú. Si repites este proceso, verás cómo todo se transforma: poco a poco, irás recuperando las riendas de tu vida para actuar desde la libertad, la calma y la seguridad de quien ya es adulto.
Te abrazo


